PERIODO 1541-2002:
Evaluación histórica de la
producción de oro de Chile

Por Waldo Cuadra Cárdenas * y Marco Arenas Campos**.

El oro constituyó el fundamento económico durante la conquista de Chile y sentó las bases para la formación de una mentalidad minera presente hasta hoy en nuestra sociedad. La expresión de esta riqueza se hizo sentir con más fuerza durante las últimas dos décadas del siglo XX. Circunstancias históricas, tecnológicas y económicas favorecieron una coyuntura productiva tal, que hizo de Chile durante este período uno de los principales países productores de oro del mundo.
A partir de la integración del territorio chileno al dominio español, proceso que se inició el año 1541, comienza la historia de nuestra inserción al contexto mundial. Se debe tener presente que la producción y el atesoramiento de metales preciosos constituyó una de las principales motivaciones de la Europa del siglo XV.
En este trabajo se ha elaborado una curva que resume la producción histórica de oro de Chile a partir del análisis de fuentes documentales. Esto ha permitido evaluar y preparar una base estadística que muestra los principales pulsos de la producción de este metal en nuestro país.
La metodología utilizada ha permitido establecer los registros anuales de producción de oro, siguiendo el desarrollo de las fuentes históricas para poder elaborar una base estadística desde la conquista española hasta la actualidad. Las fuentes para el siglo XVI y XVII son fragmentarias y corresponden a los pocos registros de los impuestos mineros que se han conservado. A partir del siglo XVIII, la información estadística es más consistente, ya sea a través de registros de impuestos mineros, o bien, como información de la producción numeraria de este metal, esta última consignada en los registros de la Casa de Moneda de Chile, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.
La investigación sobre el siglo XIX se basa en la información archivada en las Memorias de Hacienda de la Casa de Moneda, complementada, a partir de 1840, con el registro de la Estadística Comercial de la República de Chile y, luego de 1872, con la Estadística de la República de Chile. Para el período de fines del siglo XIX se compara la información de este último anuario con aquella publicada por la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), para terminar el siglo XX con la información del Boletín Estadístico de la República de Chile (INE), en su sección dedicada a la minería.
En este trabajo se realizó un análisis comparativo de la producción de oro durante el siglo XVI, entre las cajas reales de Lima, Santiago, La Serena y Valdivia, preparado por la investigadora Sonia Pinto (1987) y la comparación de la tendencia productiva realizada por Jara (1966)para las principales cajas del virreinato peruano durante este período y la tendencia productiva de nuestro territorio. Además, se propone un ejercicio comparativo similar al anterior, para el período colonial tardío, entre los registros de las compras de oro realizadas por las casas de moneda de Lima y de Santiago, como una forma de destacar la importancia de la minería aurífera en nuestro territorio, durante los períodos referidos
Este trabajo concluye con una cifra de la producción aurífera histórica "oficial" acumulada entre los años 1541 y 2002. Cabe señalar que desde la llegada de Pedro de Valdivia hasta hoy ha habido una producción de oro "informal", imposible de ponderar sobre la base de la documentación disponible y que puede llegar a ser importante en determinados períodos. Por ejemplo, una aproximación realizada por Méndez (1979) considera que el oro de contrabando del período 1818-1850 fue del orden de 400% respecto del oro exportado a través de Valparaíso e ingresado posteriormente al puerto de Filadelfia en Estados Unidos.

Primera Fase Expansiva
(1541-1580 aprox.)

La primera fase expansiva de la producción aurífera de Chile tuvo lugar durante la integración de nuestro territorio al imperio español y se caracterizó por la demanda por metales preciosos amonedables. La conquista de Chile impuso un estado señorial en cuya cabeza estaba el Gobernador Valdivia y sentó las bases estructurales del aparato productivo minero. En su cima estaba el encomendero y en su base, la población nativa encomendada. La tecnología de producción se caracterizó por el uso de antiguas técnicas del uso de la energía hidráulica a través de la canalizaciónde cursos superficiales de ésta y la recuperación gravitacional del oro, tecnología importada desde Europa y perfeccionada durante la conquista española. Según esta investigación, la producción anual promedio durante los mejores años (1560-1580) varió entre 1,5 y 2 toneladas, sin considerar ningún tipo de producción informal. En este período se integraron al "circuito" los más importantes placeres auríferos descubiertos entre las regiones III y X, tales como Andacollo, Espíritu Santo, Chigualoco (IV Región), Margamarga (V Región) y Madre de Dios (X Región). Se ha propuesto una curva de producción para este período que se integra al gráfico de la producción total de este análisis (gráfico 5). Se destaca que la producción de oro en el territorio chileno fue importante para su época, dentro del contexto de la producción regional y mundial.
Durante la conquista de Chile, el ciclo del oro en el virreinato pasaba de su primera fase, caracterizada por el botín de guerra y los "rescates", a una fase de producción minera propiamente tal, mientras que en muchas regiones de Hispanoamérica, la fase de explotación de placeres comenzaba a ser superada. En el gráfico 1, se muestra que la producción aurífera del Perú, después de los importantes aportes durante la conquista, inició su etapa de declinación, mientras que la producción de Chile comenzó a aumentar. Sin duda la integración de Potosí y otras minas de plata tomó un protagonismo relevante en este período, pero el oro, que mantenía con la plata una proporción de 1:16, seguía siendo estimado en los centros comerciales regionales y absorbido por las arcas del imperio español. El desastre de Curalaba, en 1598, marcó un hito en el período de la conquista de Chile y obligó a un reacomodo de las fuerzas españolas al norte del Biobío. Este suceso político militar coincidió con una crisis en la minería. En efecto, de una economía de carácter minero-agrícola se cambió a una economía ganadero-agrícola. Se produjo una fuerte contracción de la producción aurífera durante el siglo XVII, situación que cambió nuevamente a fines de dicho siglo. La rebaja del impuesto a la producción de oro, hecho ocurrido en 1678, y la fuerte expansión agrícola ocurrida en la década de 1690, explican una nueva fase expansiva de la minería del oro en nuestro país.

Segunda Fase Expansiva
(1690-1820 aprox.)

La segunda fase expansiva de la minería aurífera se sustentó en la explotación de filones y vetas de oro. A ella se integró el trabajo desarrollado en nuevos yacimientos tales como Talinay, Ojanco Viejo, Capote (III Región), Petorca, Colliguay (V Región) y el Chivato (VII Región), entre otros. La estructura de la producción cambió, apareciendo en ella personajes tales como aviadores, mineros y peones. La producción ya no dependía de la mano de obra encomendada, sino de las posibilidades de inversión de empresarios mineros. En el aspecto tecnológico fue fundamental la introducción del trapiche y la recuperación del oro por amalgamación. Si bien hacia la década de 1690 la producción de oro volvió a aparecer regularmente en los registros de cobro de impuestos de la Real Hacienda, con la producción de Colliguay y Longotoma (Petorca), lentamente comenzó a integrarse una serie de depósitos del Norte Chico y de la zona central del país, los que, a su vez, propiciaron el establecimiento de numerosos asientos de beneficio aurífero. La producción fue lentamente aumentando para alcanzar los máximos niveles de producción durante la segunda mitad del siglo XVIII. El gráfico 2 muestra la producción aurífera de Chile según los registros del pago de impuestos entre los años 1690-1809 [graficado en barras] (Carmagnani, 1970). A partir de 1749 se superpone la producción monetaria entre 1749-1770 seguida por las compras de oro en pasta realizadas por la misma casa de moneda entre 1771-1809 [graficado en línea]. Dicha superposición de datos refleja una clara coincidencia y coherencia entre los valores de compras de oro para remaches efectuadas por la Casa de Moneda y el registro de los impuestos del veintavo del oro, con la excepción del año 1777, en que los registros de impuestos consignan un volumen de 1,5 t y las compras de pastas de la casa de moneda poco menos de 1,2 t.
Desde 1718 a 1753 los registros de impuestos mineros reflejan los ingresos por concepto del arrendamiento del veintavo de oro. Según esta investigación, estos arrendamientos consideran que las utilidades de los administradores particulares fue del orden de 100 a 200%. El gráfico 3 compara la tendencia de la producción de oro entre Perú y Chile, según las compras de pastas de oro de las casas de moneda de Lima y Santiago, respectivamente, en el período comprendido entre 1750 y 1810. El gráfico revela que durante los primeros años de la Casa de Moneda de Santiago, la producción de Lima siguió siendo dominante. Cabe recordar que la producción de Chile, antes de la creación de dicha casa, terminaba siendo sellada en Lima. Esta casa local se convirtió en un fuerte poder comprador, desviando la adquisición de pastas metálicas del terri-torio, desde Lima a Santiago, con fuertes presiones en contra, de parte de comerciantes y funcionarios reales del virreinato. Dicho proceso parece haber sido revertido definitivamente con la administración real de la Casa de Santiago (1771), pasando Chile a dominar la tendencia productiva, después de 1780. La producción de oro fue la actividad económica más importante durante el período hispano colonial, superando con creces el valor de cualquier otra producción metálica del período.
Con el advenimiento de la república y la emergente producción de plata y cobre, la producción aurífera entró en una nueva fase restrictiva. Sin embargo, es interesante señalar que durante las primeras décadas del siglo XIX, si bien la producción de oro fue superada considerablemente por las de plata y cobre en términos de peso físico, en relación con sus respectivos valores, el oro continuó superándolos ampliamente. En este último siglo, la tendencia productiva se refleja en los registros de producción monetaria de la Casa de Moneda, para empalmar a fines del siglo con los registros "oficiales" de producción. A fines del siglo XIX el control de la información relativa a la producción minera nacional se estabilizó con la creación de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami). En efecto, a partir de la creación de esta institución (1893), se produjo un mejor manejo de la información del sector minero. De ahí en adelante, tanto el Estado, a través de su Anuario Estadístico (Estadística Minera), y la Sonami, a través del Boletín Minero, consignaron las mismas cifras oficiales. En relación a la producción aurífera se comenzó a superar la media histórica durante los años 1920-1927, aproximándose a las 4 toneladas de oro. Los altos reflejados en la producción monetaria del siglo XIX fueron consecuencia del ingreso de oro debido a empréstitos extranjeros al Estado de Chile.
El proceso de industrialización se hizo sentir fuertemente en la minería aurífera durante las últimas décadas de este siglo y durante la misma época e inicios del siglo XX. La producción repuntó con la incorporación de yacimientos ubicados en el Norte Grande (Guanaco y San Cristóbal) y los placeres auríferos de la región de Magallanes. Por otro lado, los avances tecnológicos que se verificaron desde fines del siglo XIX y las reformas en la política minera permitieron el inicio de la explotación de grandes yacimientos de cobre de baja ley, en que el oro se recupera, hasta hoy, como subproducto del cobre.

Tercera Fase Expansiva
(1933-1950 aprox.)

Luego de transcurrir poco más de un siglo del inicio del Estado republicano, se volvió a incentivar la explotación de minas y placeres auríferos. En efecto, esto ocurrió al entrar a la tercera década del siglo XX, como consecuencia de una crisis económica y social, que fue reflejo de una recesión mundial, conocida como crisis del 29. Cientos de minas y placeres auríferos volvieron a tener una intensa labor, no observada desde fines del siglo XVIII, incidiendo fuertemente en ello las políticas del Estado, el que observaba en estas iniciativas una eficaz forma de paliar los altos índices de cesantía que se habían producido en el país. Coincidiendo con un aumento internacional del precio del oro, esta iniciativa le pudo entregar al Estado una importante fuente de divisas para el país. Por decreto se crearon organismos y se asignaron los fondos necesarios para desarrollar faenas en forma que fueran técnica y económicamente viables, apoyando los trabajos mineros auríferos, tanto de vetas como placeres. El papel monopólico que desempeñó el Estado en el desarrollo de la minería aurífera de este período, produjo reacciones y críticas de algunos sectores mineros que se sintieron perjudicados. Esto, sumado a problemas de administración y recursos que tornaron ineficaz a uno de los principales organismos creados por el Gobierno, la Jefatura de Lavaderos de Oro, obligó a éste a terminar con lo que se conoce como Legislación de Emergencia del Oro, no antes de considerar cumplidos sus objetivos fundamentales: la absorción de mano de obra cesante y la generación de divisas para el país.
Los efectos producidos por la Ley de Emergencia fueron rápidos en lo que respecta al trabajo productivo de placeres y vetas. Durante 1932 la producción de oro nacional sobrepasó los 2.000 kg anuales, duplicándose en 1933 y siguió creciendo en forma sostenida hasta sobrepasar las 10 toneladas en los años 1939 y 1940. Después de 1940 comenzó una lenta declinación de la producción aurífera, para volver a experimentar un incremento a partir de 1948, a raíz de la dictación de la Ley del Oro. La paulatina disminución del fomento a la producción de oro por parte del Estado, el aumento del precio del metal en algunos mercados internacionales, frente a la estandarización de los precios nacionales con respecto al mercado estadounidense, comenzó a favorecer la circulación clandestina de oro. Andacollo se destacó en este período como el principal centro de actividad aurífera del país, desarrollándose tanto el trabajo de placeres como el de vetas.
Entre los años 1950 y 1980 se produjo una nueva fase de contracción en que la principal fuente de oro fue aquella que provino como subproducto de la minería del cobre. El gráfico 5 refleja el aporte de la minería del cobre a la producción total del oro nacional, en forma de subproducto de ésta.

Cuarta Fase Expansiva
(1980-2002)

Se puede establecer que la industria contemporánea del oro en Chile se inició a fines de la década de los setenta y comienzos de los ochenta, con la exploración, cuantificación de reservas y puesta en marcha del yacimiento epitermal El Indio, ubicado en la IV Región.
Este período se caracteriza por un sostenido aumento de la producción aurífera nacional, superando ampliamente los índices históricos de producción. Los fundamentos de este hecho se encuentran, por un lado, en el alto y sostenido precio del oro registrado en los mercados internacionales durante la década de los ochenta y comienzos de los noventa. Esto impulsó la investigación científica y tecnológica en las diferentes áreas que integran los procesos de exploración, explotación y beneficio de metales preciosos. En este sentido, cabe destacar el aporte de programas geoestadísticos para la evaluación de yacimientos, de técnicas computacionales aplicadas a la planificación, tanto a la extracción y recuperación de minerales, como a la mecánica de rocas en el diseño de labores subterráneas, la simulación y el control automático de procesos metalúrgicos, entre otros, los que generaron un avance importante para la minería en general. Un aporte significativo ha sido el estudio de imágenes satelitales aplicadas al campo de la exploración geológica, lo que permitió identificar importantes zonas de alteración hidrotermal de origen subvolcánico en áreas de los Andes chilenos de difícil acceso. El descubrimiento y posterior evaluación de este tipo de yacimientos posibilitó un importante aumento de las reservas y recursos de oro de Chile. En efecto, desde que se descubrió el yacimiento El Indio, se evaluó otras zonas positivamente. Algunas de ellas eran conocidas anteriormente, tales como los yacimientos Choquelimpie (I Región), El Guanaco y San Cristóbal (II Región) y El Bronce (V Región) y otros de reciente descubrimiento como Fachinal (XI Región), los yacimientos del distrito de Maricunga (III Región) y El Peñón (II Región).
Dentro de este desarrollo, la minería de placeres auríferos volvió a ser considerada, aunque en menor escala que en la década del treinta, como una actividad adecuada para absorber mano de obra cesante, producto de la crisis económica de 1982, creándose el Plan Aurífero Nacional.
Las cifras de producción de oro de este período reflejan una extraordinaria alza no registrada anteriormente en la historia de Chile. En efecto, en 1980 se inició un alza sostenida con una producción anual cercana a las 7 toneladas de oro fino. En ocho años más esta producción triplicó la cifra anterior, sobrepasando las 20 toneladas. La producción siguió aumentando hasta superar las 54 toneladas el año 2000. Durante toda la última década del siglo XX hasta el año 2002, Chile ocupó el lugar número 13 como productor mundial de oro, contribuyendo con un 2,2% como máximo en 1997 y un mínimo de 1,6% en 1993 del total mundial que para el año 2002 fue de 2.240,7 TM de oro fino.
Un resumen de la producción chilena de oro para las 4 etapas de expansión de su industria muestra que la mayor producción ha sido sin duda en el último período con un promedio anual de 33,15 t. Al sumar toda la producción chilena registrada desde 1541 hasta 2002 se obtiene la no despreciable cantidad de 1.210 toneladas de oro.
Finalmente es necesario destacar que fruto del efecto combinado entre la baja del valor internacional del oro y el agotamiento de los sectores de alta ley de algunos yacimientos de oro importantes, se ha experimentado una baja en la producción en los dos últimos años (2001-2002) en relación al año 2000. Sin embargo, se debe tener presente que una mejor coyuntura de precios internacionales podría incentivar la explotación de recursos auríferos que ya han sido identificados.

* Geólogo. Noranda Chile Ltda. cuadraw@santiago.noranda.cl
** Investigador. marenas131@academia.cl